Atención

Tanto desde la Psicología de la Educación como desde la Psicología Clínica, se ha considerado de gran interés la evaluación de las capacidades o destrezas atencionales como variables explicativas o moduladoras de la ejecución o de los aprendizajes de niños, adultos y ancianos.

 

En términos generales, la atención puede considerarse como un conjunto de procesos, en virtud de los cuales somos más receptivos a los sucesos del ambiente y nos comportamos de manera eficaz.

 

La atención no asegura la recepción de estímulos, ni la eficacia en la ejecución, pero sin ella no podemos detectar elementos estimulares relevantes del ambiente, ni activar recursos de ejecución con vistas a optimizar nuestra adaptación al medio.

 

La atención puede definirse como el mecanismo implicado directamente en la activación y el funcionamiento de los procesos y/u operaciones de selección, distribución y mantenimiento de la actividad psicológica. Para que tales procesos se inicien y se desarrollen con eficacia, deben encontrarse bajo control voluntario (y por lo tanto consciente) del sujeto. Esto implica que el sujeto debe emplear lo que se conoce como “estrategias atencionales” para llevar a cabo el control y la modulación de su atención.

 

Los sujetos, en cada momento de su desarrollo vital, mostrarán un nivel de destrezas atencionales diferente. En los primeros estadios de su desarrollo este nivel será inferior a estadios posteriores. Es posible esperar un deterioro de las capacidades atencionales ligado a accidentes cerebrales o envejecimiento.

 

La evidencia empírica muestra, por una parte, que no todos los individuos poseen el mismo nivel de habilidad para iniciar, dirigir, mantener y regular su atención, lo cual hace suponer que existe una diferencia constitucional entre los individuos, y, por otra, que la habilidad atencional puede mejorarse mediante procesos de adiestramiento.

 

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